
Lo único de lo que me he arrepentido en toda mi vida, es de no gritar, de no desgarrarme la garganta cuando era necesario. 1980, Uruapan, Michoacán. Mi mama me había llevado caminando por el centro de la ciudad durante más de dos horas….es decir..¡DOS HORAS!.. les ha pasado?, caminar y caminar, ver tiendas de ropa y de telas, caminar entre señoras y niños que te sacan la lengua a la menor oportunidad. Caminar entre adoquín manchado de chicles y saliva, caminar esquivando vendedores de elote en vaso y vendedoras de molletes en una canasta. Nada más que caminar entre bolsas de centros comerciales, aburrido, mientras se mete el sol. Un momento tan hermoso como ese, y yo esquivando faldas azules de señoras que se detienen a ver relojes en aparadores. Si, debí gritar.
1984, México, DF. Todo el mundo habla del castillo de Chapultepec como si fuera la gran maravilla, y quizá lo es, sin embargo, yo no tengo buena sensación de ello; si, también es referente a caminatas no deseadas y gritos jamás exteriorizados. Y es que si caminar por el centro de Uruapan es difícil, caminar por TODO el Castillo de Chapultepec, es un ir poco más allá de la muerte, sin escalas ni esquinas.
1992, México, DF. Me quedé en silencio viendo hacia delante, la calle me mareaba y la oscuridad de la noche no aumentaba mi somnolencia, la cual había tenido durante toda la noche, hasta que empecé a verla. Miré mi stereo, empezaba como canción de Lennon, “Quería siempre mas, siempre lo siguiente, creí que lo que amaba era en si tu carne, pero descubrí tu ser, noooo quiero ser una sombra en el suelo, quiero verme reflejado transparente, en los espacios y los cielos, a la orilla de tus senos, colgado como cuadro en las paredes de tu vientre, vagando en tus rodillas, creciendo por tus labios, llegar al cenit pasional…”
Fue eso, y no otra cosa lo que iba a escuchando en el coche, camino de vuelta a mi casa, después de que la fui a dejar. No se parecía a Romina, de hecho no se parecía a nadie que comulgara con mi pasado, mas bien parecía un animalito, sola e inofensiva, con los ojos que constantemente reflejaban miedo. No sé de que, nuestra amistad no era tan profunda, pero ella era linda, me la quería “recetar” o algo así le dije. Y precisamente al terminar de decirlo, me arrepentí, ahora mismo me arrepiento, debí gritárselo, aunque me ignorara, así como lo hizo. Porque lo hizo, no me dirigió nada, ni una palabra de cariño, ni una respuesta a mi insistencia de estar con ella. “Creí además porque dijeron las maestras miopes que el sol no se veía de frente y yo me creí porque dijeron que la vida no existía en la muerte”. Mientras que José me decía que nunca había visto a nadie que fuera tan evidente y obvio como yo lo estaba siendo, pero ¿Qué quieren? La discreción nunca fue mi cualidad, vamos, ni siquiera para mentir. Nunca me importó delatarme a mi mismo, a final de cuentas, ¿Qué perdía?, por lo menos en esta ocasión, estaba siendo rechazado.. ¿y?.
“Estallando por tus piernas, creciendo por tus labios, llegando al punto máximo de comunión”… Mientras manejaba camino a mi casa, sin saber la hora, golpeaba el volante constantemente, había sido sutilmente rechazado, hecho a un lado, no correspondido, me había quedado como comúnmente dicen, “con un palmo de narices”, un beso en la mejilla como despedida y una sonrisa que me aguó la noche, educados movimientos para hacerme a un lado, frases de conquistador ignoradas, ganas que se hundieron hasta lo más profundo de mi vaso rojo de cerveza, miradas que busqué en la oscuridad y de perfil, aumentos en mi tono de voz que querían llamar su atención, ahogados por su risa espontánea. “Crei cuando dijeron que otros mundos morirían y todo era lo que ves, pensé que tu sonrisa era inagotable como el agua, hasta que casi se fue”, me quedé con mi faceta de seductor guardada en el interior de mi coche, ella la había visto, pero la ignoró con la clase que tienen las mujeres al no estar interesadas.
Llegué a mi casa
bajé
saqué la llave de mi bolsillo
estuvé a punto de abrir la puerta de mi casa, pero no lo hice.
miré hacia el cielo, la noche me daba miedo, siempre he sido del tipo miedoso.
Entonces regrese al carro, entré, lo prendí, avance unos metros, abrí la ventanilla
Presioné el boton de “play”
Y me dispusé a gritar, mientras manejaba y escuchaba.
¡¡¡Nooooo!!!no quiero ser una sombra en el suelo
quiero vermee reflejado transparente, en los espacios
y los cielosa la orilla de tus senos,
COLGADO COMO CUADRO EN LAS PAREDES DE TU VIENTRE!
estallando entre tus piernas…