Y que se muere mi compadre Don Vicente Garza.
Vivía como a 2 cuadras de mi casa, era el padrino de mi última hija, Lucia.
Se murió a medio día, de algo del corazón o algo así me dijeron, no supe bien, ya era grande, tendría más setenta años fácilmente.
La comadre ya también estaba viejona, ya hasta abuelos eran, de la hija de Martha la única hija que se quedó con ellos, y que se hecho un palomazo con Juan, un ayudante de mecánico, que la embarazo para luego irse a los estates, según eso que para conseguir lana para la boda, la bebe, la refaccionaría y mil cosas más que tenia planeadas el pobre iluso. El chiste es que nunca volvió y nunca se supo de él, yo supongo que lo mataron cruzando el rio, porque ya pasaron casi veinte años y no ha vuelto y no se ha sabido nada. La nieta, hija de Martha, Maria Guadalupe, acaba de cumplir los diecinueve, chale y dos días después se le muere el abuelo.
Pos ni modo, así es la vida
Mi vieja y yo nos fuimos al velorio que fue en la casa de mi compadre.
Hechas un mar de lágrimas estaban las tres mujeres que tuvo mi compadre toda su vida, la comadre, Martha y Maria Guadalupe.
Durante horas estuvieron rezando, que si el padre nuestro, el rosario, el credo y sepa la bola cuantos más, yo perdí la cuenta cuando me quedé dormido, como a las cuatro o cinco de la madrugada, para ser despertado por un codazo de mi vieja.
Me levanté del sillón para ir a la cocina y tomarme un café con piquete, ahí encontré a varios de los vecinos, uno de ellos, otro compadre mío con quien me puse a platicar.
- Que mala onda lo del compadre Vicente – dijo el.
- Pues si, pero ya estaba malo desde hace tiempo – agregué.
- ¿De qué?
- Algo del corazón, le dijeron que ya no fumara ni se tomara sus cervezas, pero él ni caso hizo.
- Siempre le valía madre.
- Sí, cada fin de semana se ponía pedo, Suerte que ya estaba grande y no dejo niños pequeños.
- Sí, Lupita ya es toda una mujer, y que mujer, esta bastante encamable.
Nada equivocado estaba el compadre al decir eso, Maria Guadalupe era una mujer poseedora de un cuerpo muy sabroso, no era ni gorda, ni flaca, tenia una llantita que no la hacia ver bofa, si no más maciza y con ese buen par de nalgas que le dio su mama y su abuela, además de esos melones que tenia por senos, rematando todo con una hermosa cara angelical, que sumándolo todo a uno se le antojaba echarse un cojidon de fábula.
Me fui de ahí, mas bien, nos fuimos mi vieja y yo a la casa como una hora después, porque los hijos estaban solos en la casa, dejando a las tres mujeres exactamente como las encontré cuando llegué.
Al día siguiente, al medio día todos nos fuimos al cementerio, a enterrar al compadre Vicente, solo unas dos o tres gentes en carro, todos los demás nos fuimos en el camión que uno de los vecinos prestó.
En el cementerio, mas lagrimas, mas llantos, yo, viéndolo todo a la distancia, no me gustaba tanto sentimentalismo, sí, es trágica la muerte de un ser querido, pero no se, no se me da eso de desagarrarme las vestiduras y hacerle al mártir chillón.
Los siguientes días fueron de la acostumbrada rutina, al menos para todos, excepto para las mujeres de mi compadre, que apenas estaban adaptándose a la nueva vida sin su Vicente.
Sabias palabras