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Este instante lo podemos definir como el punto medular de la historia, cuando el chino fue testigo de cómo es que Pacoito se quebro ante la presion y las refriegas a punta de golpes que le estaban propinando, vio la oportunidad de su vida, de hacerse de dinero facil y deshacerse de las pruebas de su engaño en un solo golpe. Pacoito empezo a decirle donde es que se encontraba escondido el dinero. Pero cuando termino el chino se acerco a cipriano y lo llevo al otro lado de la habitacion, lejos de los ojos o lo que quedaba del unico con el que podia ver de Pacoito.
- ¿Deveras quieres que te traduzca lo que acaba de decirte? – Dijo en el tono mas serio que pudo fingir, que parecia ser bastante convincente.
- Aver que dijo de mi ese cabron.
- Que el no agarro la lana y que puedes irte yendo mucho a la chingada, que a el no le importa y que aunque lo mates, no pasaras de ser un pobre vato jodido.
- Asi, que esas tenemos eh.
Ya molesto, le dio la ultima orden al maton, mientras el y el chino salian de la habitacion.
Al dia siguiente, el chino salia de los restos de una obra abandonada en donde pacoito habia escondido los mas de cien mil que le habia birlado a Cipriano y que por esa habilidad que tenia para usar el lenguaje de señas de los sordomudos se los habia apropiado, y nadie nunca se enteraria.
Pero en cuanto cruzo la malla de acero que un tiempo atrás habia cercado el terreno, Cipriano y Adolfo, su maton lo estaban esperando recargados en el carro de Cipriano. El chino se quedo helado al verlos, no sabia ni que decir, ni que hacer, trato de sonreir, pero no pudo fingir mucho su miedo, su terror.
- Asi que soy un pobre vato jodido, ¿eh? – Dijo Cipriano.
- No, como crees – Dijo tartamudeando el chino.
- No sera que pacoito dijo – Se le acerco – Te dire donde esta el dinero – Dijo mientras hacia las mismas señas que Pacoito habia hecho el dia anterior.
El chino dejo caer la bolsa de basura donde habian puesto el dinero haciendo un ruido sordo al tocar el piso, su quijada hubiera hecho un sonido similar si es que fuera un personaje de caricaturas, pero aun asi abrio la boca desmensuradamente.
- Todavia no me lo se bien, aunque ahorita ya no me sirve, por eso necesitaba de tu ayuda para la traduccion.
Cipriano levanto la bolsa con el dinero y se fue al carro.
Adolfo odiaba las armas, las pistolas solo las usaba solo cuando era absolutamente necesario, lo que disfrutaba mas que nada en el mundo, era usar sus manos, era unica la sensacion que le daba el poder golpear a alguien, el romperle los huesos, provocarle el mayor sufrimiento y dolor posible durante el mayor tiempo posible, hasta que irremediablemente terminaban muertos a sus pies, los mas afortunados, no parecian un masojo de carne, que desgraciadamente no fue el caso de el chino.
Una hora despues Adolfo salia a la calle limpiandose los zapatos con lo que quedo de la camiseta de el chino, para luego arrojarla hacia adentro. Subio al auto donde lo estaba esperando Cipriano y salieron con rumbo a la casa de este.