hoy El Rincon Literario del Amargado se enorgullece (no, ni tanto) en presentar la primera colaboracion. La elegida (chale, mejor asi le hubieramos seguido) es Virgen que se digno en bajar de su altar, para venir a hacer sus verguenzas a este blog.
disfrutenlo.
Oportunidad
Sofía ya estaba cansada de la rutina diaria. Desde adolescente había estado convencida de que una vez que llegara a la universidad su vida iba a dar un giro de 180 grados, para dejar atrás el envolvente tedio de su vida familiar, su escuela rural y su no menos tedioso, y rural, pueblo natal.
Pero lo cierto es que en la universidad –que no estaba todo lo lejos de su pueblo que ella hubiera querido, pero si lo suficiente – Sofía descubrió que para escapar del tedio no basta con mudarse. Allí el tedio era diferente, pero tedio al fin.
Después de la graduación, llegaron sus ataques de ansiedad. Si el tedio no había desaparecido durante sus años de estudiante universitaria –los escasos años en que todo el mundo dice haber hecho más en su vida en que décadas posteriores – Sofía vivía angustiada de que su futuro se presentara como una inalterable sucesión mecánica de eventos cotidianos.
–Dios mío, Tengo que hacer algo con mi vida. No puedo seguir así… vegetando – se decía la mujer a si misma todos los días.
Su trabajo no le alivianaba en nada su angustia. Sofía había estudiado administración de empresas, para más adelante completar una maestría en la materia. Ella estaba convencida de que después de graduarse conseguiría un empleo en una gran empresa multinacional, y que allí ocuparía alguna posición en su junta de directores. Como parte de la alta gerencia, tendría que viajar fuera del país con regularidad para reunirse con otros ejecutivos de las distintas sucursales de la empresa en lugares tan cosmopolitas como Nueva York, París, Londres o Roma.
“¿Quién sabe si deba viajar a lugares tan exóticos como Hong Kong o Singapur?”, llegó a pensar la entonces estudiante universitaria.
Pero cinco años detrás de una ventanilla en la caja de un banco, y diez en un escritorio del área de créditos hipotecarios –en el mismo banco – habían dejado en suspenso los estudios de una maestría y ahora hacían muy poco por calmar la ansiedad que la perspectiva de una vida malgastada provocaba en ella.
Justo el día del accidente, Sofía había leído en el periódico el anuncio en el que el banco para el que trabajaba solicitaba candidatos para llenar la vacante de subdirector del Departamento de Inversiones en el Extranjero.
Sofía estaba ojeando con desgano el periódico mientras esperaba que le sirvieran la comida en una de las cafeterías del centro, cuando se tropezó con el anuncio.
solicita
Subdirector de Inversiones en el Extranjero (IE)
Requisitos
en el área de préstamos comerciales o hipotecarios, preferiblemente.
Responsabilidades
El subdirector de IE deberá evaluar las distintas propuestas de inversión para empresas fuera del país que reciba la institución y recomendar aquellas que mayor posibilidad de rédito ofrezcan. Además, deberá estar dispuesto a viajar para corroborar el cumplimiento de las condiciones bajo las cuales se concede el crédito, y para explorar nuevas posibilidades de inversión.
Sofía vio una luz entre tantas tinieblas. La emoción apenas le permitió terminar su platillo. Salió de la cafetería a toda prisa y con el pensamiento concentrado en esa oportunidad.
–Esto es lo que estaba esperando. Cuando llegue al banco voy a hacer mi currículo para enviarlo hoy mismo – se iba diciendo mientras caminaba con paso apresurado.
A Sofía la arrollaron justo cuando el semáforo había cambiado a verde. Ella sólo advirtió en el cambio de color en el semáforo y no se percató de la motocicleta que se le venía encima.
El mensajero había acelerado su moto, confiado en que alcanzaría a pasar el crucero antes de que cambiara el semáforo; quizás atravesaría un segundo o dos después de que se pusiera el rojo. Pero a último momento vio a la mujer que se había tirado a la calle en el momento en que ya había decidido acelerar.
Sofía escuchó el rugido de una moto acelerando, y sólo alcanzó a ver a un motociclista que se barría en el pavimento, con todo y vehiculo, antes de que la máquina diera un vuelco en el aire, y la arrollara.
Sofía sintió como si la desvistieran cuando escuchó el golpe. Semidesnuda sobre la camilla, el accidente le parecía un evento lejano. Ella no recordaba ni siquiera el dolor del golpe de los 200 kilos de metal que le vinieron a caer encima. Sin embargo, la cicatriz crudamente cosida que se extendía desde su pecho hasta su abdomen, y los múltiples raspones y moretones en su cuerpo eran evidencia irrefutable del hecho.
Al principio pensó que había encontrado el recuerdo del accidente, y que lo primero que recordaba era el sonido del golpe. Pero este golpe de ahora y su sonido no correspondían. Sofía decidió no prestarle más atención al golpe y prefirió concentrarse mejor en sus planes como futura subdirectora de inversiones en el extranjero.
En la brillantemente iluminada sala, un desganado técnico forense terminaba de preparar un magullado cadáver de mujer luego del procedimiento de autopsia. La pesada puerta de metal que daba al recinto acababa de cerrarse de golpe tras un despistado empleado funerario que había llegado a recoger a otro de sus “clientes.”
–Dios mío, tengo que hacer algo con mi vida. Ya no puedo seguir así… – se decía el hombre a si mismo, aborrecido de su morbosa rutina diaria.


